domingo, 6 de abril de 2014

Una cosa o altra

     Este fin de semana hay un acto para recordar a los poetas que Pinoso dio décadas atrás. Entre ellos Simón el del Carche, del que me cuentan una anécdota con chicha.
     Simón fue carnicero en la pedanía yeclana durante muchos años. No era una carnicería en toda regla, sino que mataba una cabra a la semana y la vendía en su casa. En el Carche, pedanía de Yecla, con pocos habitantes, había dos carnicerías, una en cada "barrio" por mor de estar separados por la rambla. Tomasa, una parroquiana que en esa ocasión no disponía de mucho dinero fue a comprar algo de carne. Y pidió que en un cuarto de kilo su compra semanal llevara un poco de hígado y si podía ser que le entrara una punta de chaleco. A lo que Simón, con la carne en la balanza y viendo que se pasaba en la pesada, le espetó.
     Tomasa, si te clave la punta, te saque el fetge.

martes, 1 de abril de 2014

A la funerala

     Cuando se vela un cadáver con los más altos honores, la guardia que custodia el feretro porta las armas a la funerala, es decir, la boca del fusil hacia el suelo y la culata a la altura del hombro en señal de duelo. Y así fue en la capilla ardiente del expresidente Suárez.
     Se ha despachado la prensa fiel a la monarquía, emparejando al primer presidente de nuestra democracia y al rey, llamándolos amiguitos del alma, parafraseando a Camps y al Bigotes. Pero Pilar Urbano el mismo día que se celebraba el funeral de estado, sacó a la calle su último libro.
     No suelo copiar en mis entradas largos párrafos, pero en esta ocasión y para que conste en mi blog cuando lo lea dentro de unos años, voy a reproducir párrafos entresacados de "La gran desmemoria" que así se titula el libro de Pilar Urbano:

Las cosas entre Suárez y el Rey comenzaron a torcerse en una reunión el 4 de enero de 1981 en Baqueira.

Seis días más tarde Don Juan Carlos apareció, en moto y sin avisar, en La Moncloa, donde se armó una "gran gresca" porque le pidió a Suárez que trasladase a Alfonso Armada de Lérida a Madrid. "Es la bicha para Suárez: sabe que es el hombre destinado a cortarle la cabeza", asegura.

El 22 de enero de 1981, en La Zarzuela, volvió a repetirse una "esgrima de reproches" en la que el presidente y el Rey se lanzaron duras acusaciones que acabaron cuando Don Juan Carlos le espetó a Suárez una frase demoledora:

"Tú estás aquí porque te ha puesto el pueblo con no sé cuántos millones de votos... Yo estoy aquí porque me ha puesto la Historia, con setecientos y pico años".

Y siguió:

"Uno de los dos sobra en este país. Uno de los dos está de más. Y, como comprenderás, yo no pienso abdicar".

La bronca y los gritos llegaron a tal extremo que el pastor alemán del Rey se tiró contra Suárez y su dueño tuvo que frenarlo. El presidente salió de allí y recordó la anécdota años después señalando que por poco le mordió "los cojones".

El 27 de enero Suárez comunicó al Rey en Zarzuela su dimisión. Ante el jefe de la Casa del Rey, sin el menor gesto de cariño, Don Juan Carlos le espetó: "Sabino, que éste se va".

Y la última tuvo lugar el 24 de febrero, cuando Suárez quiso dar marcha atrás en su dimisión tras el 23-F y acabaron lanzándose reproches mutuos.

"Tú mismo alimentaste el dichoso malestar militar", le acusó el fallecido expresidente, "esta situación la has provocado tú".

"¿Me estás amenazando, so cabrón?", le contestó el Rey, que le acusó de que el golpe iba "a ti, a tu política, a tu falta de política, a tu pésima gestión" y le remató así: "Políticamente estás muerto".


      No necesita más explicación. Añadiré que en el funesto funeral solo apareció un jefe de estado extranjero: el dictador Obiang y que el cardenal Rouco, vomitó en la homilía al retrógado, fascista y predicador barato de púlpitos que lleva dentro. A éste si que le ponía yo los dos ojos a la funerala.

domingo, 2 de marzo de 2014

Ahogados

     No vi el programa de Évole sobre el 23F. Entre semana veo poco la tele, o nada. No soporto la nocturnidad de los programas de interés (como el retirado que presentaba Carolina Sellés), ni los abusos de publicidad, ni que los horarios centrales (prime-time les llaman) los ocupen programas banales para ver quien baila mejor, o se chapuza en una piscina con más "arte".
    El día anterior a la emisión me enteré de que Jordi Évole iba a dar un programa sobre la "falsedad" del 23F. Perdió todo mi interés. Yo viví y presencié el toque de queda a las 21:00 en Alicante de aquel 23F. A esa hora, rebelándome, bajé a la calle y vi como Manolo Alcaraz Ramos, concejal de cultura en el Ayuntamiento de Alicante y conocido mío, en un utilitario de color rojo, parado en el semáforo de casa, llevaba en el maletero archivos comunistas con documentación comprometida y se afanaba en llegar a un paraje de Foncalent donde decía iba a ponerlos a buen recaudo. Escuché por la radio música militar y el bando de Milans del Bosch. Dije que no me iba a creer el programa de la sexta, y no lo vi. Me arrepiento.
    La comidilla del lunes fue sobre el programa y me sorprendió como la gente se pudo tragar la patraña. Pero yo no lo vi, y no puedo juzgar, aunque mi vehemencia me enerva al ver a tanta gente engañada.
    Mi reflexión va para la sexta y para Évole. Se ha saltado una convención, y le critico con dureza. No se puede, amparado en una fidelidad en aumento por el buen hacer de su programa Salvados, rememorar el programa radiofónico de Orson Wells del 30 de octubre de 1938, para demostrar que "no todo lo que dice la tele es verdad". Eso, señor Évole, lo hace usted en un programa especial, un 28 de diciembre, por ejemplo. En ese día, la convención nos permite alterar las sensaciones de realidad y tragamos bromas.
     Pero la convención nos dice que hay que circular por la derecha en las carreteras (excepción anglosajona), que los telediarios dicen noticias verídicas, que el secreto postal es inviolable (como el domicilio) y que hay que respetar el descanso de los vecinos. Y si conducimos por el carril contrario en una autopista, si un telediario entero lo editan con noticias falsas, entramos con alevosía a espiar mails y nos ponemos a tocar el bombo en la calle a las tres de la madrugada, incurrimos en delito.
     Lo que pasa es que no debe haber legislación para sancionar a las televisiones que, amparándose en programas serios (como lo es Salvados), metan gato por liebre. Para mi que en este caso se ha ahogado un poco el buen periodista que es Évole. 

lunes, 3 de febrero de 2014

Privarse de privatizar

1. tr. Despojar a alguien de algo que poseía.
2. tr. Destituir a alguien de un empleo, ministerio, dignidad, etc.
3. tr. Prohibir o vedar.
     Esta es la definición de privar, según el diccionario de la RAE. 
1. tr. Transferir una empresa o actividad pública al sector privado.
     Y ésta la de privatizar.
     Por medio una decisión judicial, una dimisión, muchas manifestaciones, protestas. La sanidad no puede convertirse en negocio. La primera vez que escuché un anuncio publicitanto de un hospital, me puse enfermo. El dinero que va a la publicidad, es una quita a sueldos, material, gestión,... Y no sólo el de publicidad, si estamos para ganar, hay que obtener beneficios, otra mordida más al pastel. Al final quedan atenciones a mogollón de pacientes con menos recursos y personal. Aceleramos el ritmo de los quirófanos, pero pagando a precio de oro a estas empresas de fontanería médica.
     La sanidad y la educación necesitan gestión, evitar derroches, control y sobre todo seny, que los médicos no den bajas laborales sin control a troche y moche, atención programada, dedicación exclusiva de los médicos, prohibiendo el ejercicio alterno de la pública con la consultoría privada. Que se controle la facturación, casi siempre en negro, de visitas, operaciones,... 
    Cuando el copago campa a las anchas por programas electorales, por mentes enfermas de rentabilidad, el sistema sanitario conseguido durante muchas décadas y modelo para otros países, retrocede y se desmorona, y el peligro de colapso es latente, como una cardiopatia isquémica.

jueves, 23 de enero de 2014

La marca España

    Me está cargando oir una y otra vez que esta decisión o esta otra perjudica a la marca España. Pero, ¿qué pretenden hacernos pasar por las tragaderas? ¿qué el resto del mundo es imbécil? ¿que viven en los mundos de Yupi?
    ¿Cómo puede el político español hablar de una marca España? ¿Qué es eso? ¿Vender nuestras virtudes, camuflando nuestros defectos? ¿Opacar la realidad , iluminando con una linterna el rinconcito aseado?
    En deporte somos números uno en muchas disciplinas, en energia renovable también, en sol y precios turísticos bajos, competitivos, en exportar talentos, altruistas, en arte, sobrados, pero... ¿cómo podemos presumir de ésto, teniendo...?
    A un tal Bárcenas, a un Urdangarín y a su familia política, a una sociedad que condena antes a un juez que instruye una causa que clama al cielo, que sentar en el banquillo a los presuntos delincuentes. A un gobierno que machaca a sus contribuyentes con sangrantes leyes económicas, a unas mujeres con la ley Gallardón, a la educación y a la cultura con un impresentable Wert, a la ética con el intento de proteger los demanes chinos presentando una proposición de ley que recorta la jurisdicción universal. Antes todo era culpa del presidente del gobierno, ahora al edulcorado Rajoy todo le parece bien, mientras la opinión pública no se levante en armas.
     La educación y la sanidad son espejismos de realidades anteriores. Hospitales publicitándose en los medios de comunicación. ¿hace falta esto? La sanidad universal no invertía en publicidad. Ahora se cierran plantas en hospitales para derivar pacientes a la privada. Y si los hospitales se dedican a ganar dinero, ¿a quién se lo quitan? Porque nunca he creído que a un perro se le pueda atar con longaniza.
    La marca España, nos está dejando marcados, pero a fuego, y eso, como a los esclavos y a los internados en campos de concentración, no se les borra en la vida.
    

jueves, 2 de enero de 2014

D.E.V.

     Acabo el año estrenando con Lunatando, de Hondón de las Nieves, la obra que les he dirigido: Divorciada, Evangélica y Vegetariana, del venezolano Gustavo Ott. Ha sido una grata experiencia. Todo ha salido como se proyectó en la producción el verano pasado. Que comenzaríamos a ensayar en octubre y que en tres meses estrenábamos. Y así fue. De todo ello he de agradecer a las tres actrices, unas trabajadoras del teatro como las mejores, que a tres ensayos semanales de tres horas cada uno, han sido estudiosas, puntuales, divertidas, humildes y verdaderas esponjas de todas y cada una de las directrices que se les marcaba en los ensayos. Incansables, siempre con una sonrisa y un sí a cada propuesta, a cada cambio, a cada modificación. El segundo agradecimiento para Luri. Hablamos hace mucho que me cedería la batuta de su joven grupo de teatro y le dije que sí, como no podía ser de otro modo. Por lo mucho que él ha hecho por mí, por nosotros y por el aprecio personal que le tengo.
    De la obra puedo decir que el título original, utiliza el plural, pero me permití la licencia de singularizarlo. Me gustaba más y le daba un toque personal a la obra de Ott. Pero no sólo el título, mi licencia llegaba hasta actualizar y españolizar las expresiones, evitando los "ustedes" y cambiándolos por vosotros, el trabajo de "linterna" por el de acomodadora, en fin, expresiones que fueran más próximas a nosotros para acercar el texto a los espectadores de aquí. La escenografía fue minimalista. El primer acto, a escenario vacío, era la estación de un metro: solo un cartel como el del metropilitano madrileño en el fondo y un foco, a la altura de la primera fila del patio de butacas, que hacía la luz del tren cuando llega a la estación, nos ambientaba. En el segundo acto, dos sillas y una pantalla al fondo, nos situaba en una sala cinematográfica. Y el tercer acto, la cima de una montaña, tuvo una bojas (abrótano) secas, como decorado. La energía de las tres protagonistas llenaba cada uno de los espacios con suficiencia para que parecieran creíbles.
    Y de su interpretación diré que Encar fue el puntal sobre el que pivotó la función, Lucía nos dio la fuerza y Maria José la espontaneidad y su gracia innata. El resultado lo aplaudió un público amable y próximo que alabó el estreno de esta comedia en la noche de los Inocentes de 2013.
    Gracias, Beatriz, Gloria y Meche. Gracias, Ott. Gracias, Lunatando. A vuestro servicio.

sábado, 28 de diciembre de 2013

Lengua cooficial

     En un pequeño pueblo de Gales (UK) casi con los mismos habitantes que Pinoso, han publicado el programa de Navidad de este año en inglés y en español. Cuando me enteré, no me lo creía. Pero he visitado la página oficial de su ayuntamiento y es así. Me he quedado más cortado que el turrón de nieve. Como me ha sorprendido tanto, he hecho algunas averiguaciones y he descubierto que hay una minoritaria población de españoles, que emigraron hace unas décadas y recalaron en ese pueblo. Por otra parte, he averiguado que ese país hay dos lenguas cooficiales: el galés y el inglés. Como nuestro valenciano y castellano, pero en Reino Unido.
     Y tras pasar ese primer instante de sorpresa, he caído en la cuenta que ese pueblo galés no está sólo en el mundo en estas incongruencias. En nuestra pedanía del Paredón, donde apenas viven unos ingleses en el diseminado, el programa de sus fiestas lo publican en español e inglés.
     No se respeta en ninguno de los dos pueblos la cooficialidad. Ni allí los galeses tienen impreso su idioma, ni aquí los valencianos el suyo. ¡Qué emoción, hay gilipollas en todos lados!
     Aunque alguien me puede decir que hasta hace poco, en la puerta de la oficina técnica del ayuntamiento de mi pueblo el cartel de entren sin tocar, estaba en español y en inglés. Ni en valenciano, ni en francés, ni en rumano, ni en árabe, ni en ruso, ni en alemán, ni en....
     Pero lo que más duele es que oficialmente tanto allí, como aquí hay dos lenguas cooficiales. Lo dice la ley, el Estatut, hasta su puta madre lo dice, pero hay quien se pasa las cosas por el arco del triunfo/arch of triumph.